¿Hay grafeno en tu tostada?


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Un grupo de investigadores del Instituto Smalley-Curl, el Centro de NanoCarbono y la Universidad de Rice han desarrollado una forma de escribir patrones de grafeno en cualquier superficie, incluso en los alimentos.

El nuevo reino de la electrónica comestible

El nuevo avance podría ser la base de un nuevo reino de la electrónica comestible que podría rastrear la progresión de los alimentos desde la granja hasta la mesa, así como detectar los organismos nocivos que causan malestar gástrico.

El grafeno se considera un material milagroso, ya que está compuesto por una sola capa de átomos de carbono dispuestos en forma de panal, es más fuerte que el acero y más fino que un cabello humano y, al mismo tiempo, es más conductor que el cobre. Mediante un proceso llamado grafeno inducido por láser (LIG) se obtienen diminutas escamas de grafeno reticulado para incrustar o grabar patrones para su uso como supercondensadores, antenas de identificación por radiofrecuencia (RFID) o sensores biológicos.

Los investigadores investigaron si cualquier sustancia con una cantidad razonable de carbono puede convertirse en grafeno, con el resultado final de quemar LIG en alimentos, cartón y otros materiales cotidianos basados en el carbono.

Cómo lo hicieron

El equipo utilizó un único pulso de láser para convertir la capa superficial de la sustancia objetivo en un amasijo desorganizado de átomos llamado carbono amorfo, también conocido como hollín negro. A continuación, realizaron múltiples pases de láser con un haz desenfocado para convertir el hollín en grafeno.

Las conversiones de grafeno en los experimentos se hicieron a temperatura ambiente sin necesidad de una caja de atmósfera controlada, algo que no se ha hecho en otros procesos de LIG. El resultado fue LIG que podía quemarse en papel, cartón, tela, patatas, cocos, pan tostado y otros alimentos.

Los investigadores creen que los alimentos podrían llegar a etiquetarse con antenas de RFID fabricadas con LIG que podrían ayudar a rastrear el origen de un alimento, el tiempo que ha estado almacenado o cómo ha llegado a la mesa. También podría utilizarse para descubrir la presencia de E. coli u otros organismos nocivos en ensaladas, carnes y otros alimentos.