¿Se ha convertido el covidismo en una nueva religión?


La crisis de Covid ha hecho que nuestras sociedades sean religiosas e incluso sectarias, sin que nos demos cuenta.

Como muchas personas de mi generación en nuestras latitudes, fui educado en una familia, un espíritu, una cultura religiosa cristiana y más precisamente católica. Con el tiempo me fui alejando cada vez más de ella, a partir de la adolescencia, para convertirme en ateo.

El mal del virus y su transmisión

A pesar de todo, he mantenido una gran fascinación y un interés constante por el fenómeno religioso, bajo cualquier forma que sea.

Esta educación, esta forma de ver el mundo, me permitió detectar los síntomas de lo religioso, a menudo ocultos pero reales, que actúan solapadamente en nuestra sociedad contemporánea, hoy por hoy secularizada. Así, me pareció que la narrativa oficial de la crisis covid está impregnada inconsciente y colectivamente de una impresionante carga religiosa.

Nociones que han vuelto a ser centrales, como el deber, el mal -el virus y su transmisión a través del Otro-, la apología de la bondad -la burbuja familiar, el cuidado de los demás-, la culpa, el sacrificio, han resurgido repentinamente del pasado y vuelven a ser centrales en la comunicación oficial de nuestros gobernantes.

Un terreno fértil

Creo que la razón principal de la adhesión de la mayoría de la población occidental es la aparición de un sentido colectivo para una vida que quizás ya no lo tenía.

Por primera vez en mucho tiempo, surge una trascendencia al alcance de todos, en la acción cotidiana, y no sólo en una proyección mental de un más allá, o en la imaginación.

Desde la crisis del Covid, este resurgimiento de lo religioso se manifiesta diariamente en la vida interior de muchos de mis conciudadanos mediante principios morales que, al amparo de una supuesta amenaza amplificada del Virus, regirán casi todos sus actos. Esto podría sintetizarse en el siguiente principio moral:

"Sacrificaré mi libertad, mis contactos, mi vida social, mi propio cuerpo, para salvar el mundo".

Lo que significa que, finalmente, mi acción tiene un impacto real en la sociedad.

"Un Mal amenaza a la humanidad en su conjunto... Voy a obedecer las leyes que me impone la nueva casta de sacerdotes que posee la ciencia, que es la verdad absoluta, y ante la que, siguiendo a los dirigentes más poderosos del planeta, me inclino, pobre ignorante y pecador yo, que hasta entonces sólo vivía para mí (como me habían dicho y repetido que hiciera, desde la escuela, en las empresas, a través de la publicidad...), en competencia con todos los demás."

Antes se trataba de ser individualista, de ser siempre el mejor, en total desconocimiento del bien común y del cosmos que nos rodea. Con la religión covidian, esto sigue siendo así, sigue tratándose de competir con los demás, pero también tengo que protegerlos, en un doble mandato poderoso y contradictorio que desencadena la necesidad de una respuesta que sintetice estas dos visiones del mundo.

Con el covid, de una sola vez, la gracia mortificante cae sobre mí: Puedo, sufriendo a diario, llevando la máscara, aislándome... salvar al prójimo, encontrar lo sagrado, un valor supremo colectivo, y preservar lo esencial: yo mismo y la unidad familiar, que hay que salvar a toda costa.

No más religioso que todo eso...

El hecho es que la noción de individuo, con su cuota de autonomía de pensamiento y acción, es molesta, tanto para el covidismo como para el capitalismo, en particular para el concebido por el nuevo orden mundial, en Davos u otros círculos empresariales dominantes:

Desde entonces su mandato religioso es: no pienses, nosotros lo hacemos por ti, sólo produce -trabaja- y disfruta -consume- y desde el covid, en el sufrimiento, la culpa y la contrición.

El individuo se convierte en una noción puramente ilusoria, el término se vacía de su sustancia filosófica liberadora: no es más que una acumulación de sensaciones positivas o negativas.

Sistema de control de la conciencia

Estamos pues aquí en un sistema de control de las conciencias, de tipo religioso o incluso sectario.

En esta perspectiva, la religión covidista se apoya en varios conceptos esenciales de estructuración de la mente, que mezclan idealización y realidad:

1. La unidad familiar

Primer mandato: reunámonos sólo con nuestro círculo más cercano.
Excepto que la célula familiar unida ya no existe, ha estallado en familias descompuestas. Las burbujas de 2 o 4 sólo existen en las mentes fuera de la tierra de los santos científicos aislados de la realidad.

2. El altruismo y la condena del egoísmo

Apelamos a la generosidad, al cuidado de los demás, una segunda simplificación hipócrita.
De hecho, estamos lejos del altruismo, se trata de un egoísmo ampliado.
Por el contrario, ¡incluso el otro es más que nunca una amenaza! Especialmente el extranjero que nos trae otras variantes -se cierran las fronteras sin discusión-, se decretan zonas rojas, se castiga como paria al que no respeta las normas, al que no lleva mascarilla, al que no se vacuna, al que disfruta sin trabas, al que no permanece confinado, al que sale después del toque de queda.

En resumen, cualquiera que pretenda contradecir la palabra del clero es castigado y condenado.

3. El deber

Se apela constantemente al deber con el Estado, con la nación. Todas las religiones se han apoyado en la fuerza regia de las naciones. De forma muy cínica, y con el pretexto de llevar la verdad, sobre todo a través del colonialismo, o cuando la religión católica apoyó el nazismo sin escrúpulos.

Salvo que el Estado es hoy una cáscara vacía de la que el capitalismo quiere privatizar todos los servicios. Los servicios públicos han desaparecido en favor del culto a la competencia, donde el beneficio financiero se ha convertido en el objetivo final.

En nombre de esta nación -una visión hipócrita y simplificada del mundo-, sobre todo porque a la epidemia no le importan las fronteras aún porosas. Se invita a los creyentes a confesar ("tengo el covid y a partir de ahí seré vigilado y puesto en cuarentena") o a denunciar.

4. Maniqueísmo

Vuelven así las nociones de mal comportamiento, la estigmatización de los villanos egoístas, de los ignorantes, de los impíos, a los que habrá que volver a poner en el buen camino, voluntariamente o por la fuerza.

Vuelve así una ideología dualista, maniquea, sencilla de entender, una lucha épica del bien contra el mal.

¡La lucha del buen pensamiento racionalista y globalista, contra el mal pensamiento egoísta, conspiranoico, que ve el mal en todas partes, mientras que la ciencia sólo busca la mejora, el progreso y por tanto el bien!

5. Universalismo

Quinta simplificación religiosa: la verdad religiosa covidista es absoluta, incontestable y consensuada. El mundo entero reacciona de la misma manera, lo cual es una prueba de su valor universal.

- Salvo que el mundo entero no reacciona al unísono, como dicen los medios de comunicación dominantes: miles de millones de personas no respetan ninguna de las obligaciones dogmáticas...

Aquí interviene el mediático Espíritu Santo:

El clero mediático está en manos de tres papas, tres agencias de noticias, Reuters, Associated Press y AFP, puestas bajo la égida del Espíritu Santo Mc Kinsey, que difunden la verdad al mundo... - que controlan todas las otras pequeñas Iglesias del planeta, los periódicos nacionales y locales, dándoles el texto sagrado que debe ser administrado al pueblo de la mañana a la noche, para que se someta sin coacción, es decir, deliberadamente, a la palabra divina y a la redención que le ha sido preparada.

6. La amenaza

Desde el comienzo de la pandemia, esta religión se ha impuesto mediante chantajes y amenazas:
Respetad el dogma... de lo contrario, pobres pecadores, vuestras vidas se convertirán en un infierno: os estarán vedados los placeres, la cultura, los deportes, los viajes e incluso el acceso al trabajo.No seréis más que impíos, excomulgados, incluso seréis una amenaza para la sociedad, y ya no tendréis acceso al paraíso vacunal que libera al mundo.Sólo que el mal pretextado es exagerado, dramatizado, hipertrofiado.

7. Culpa

Última simplificación religiosa de la realidad: Todos los que no se conviertan a las normas sanitarias y a la sustancia de la vacuna son juzgados culpables. Culpables de la muerte de sus seres queridos, culpables de la masificación de los hospitales, culpables de mantener las prohibiciones que afectan a toda la sociedad.

La base epistemológica

Toda esta religión se basa en una verdad científica en la que se pide creer absolutamente. Sólo que esta verdad y su base epistemológica no se cuestionan.

Esta religión se arroga el hecho de ser la poseedora de una verdad única, mientras que es susceptible de ser cuestionada, porque sólo es una parte de la ciencia farmacéutica, química y medicinal, dominante porque es financieramente rentable.

Una ciencia instrumentalizada para el beneficio económico, que pretende ser un conocimiento total denigrando todos los demás conocimientos. Es el retorno del cientificismo.

Una ciencia adulada, endiosada, salvo que ni siquiera respeta uno de sus principios fundamentales, el de la validación experimental, en la medida en que las autoridades de control supuestamente neutrales están ellas mismas manchadas por conflictos de intereses reales o potenciales.

Está, desde el principio, desviado de sus objetivos, instrumentalizado por el dinero y el poder.

El economista y filósofo Friderich Hayek ya había demostrado en "Camino a la servidumbre", en 1944, que si la ciencia es la única verdad accesible a los hombres (o a una élite que se encarga de representarla), entonces el camino que debe seguir la sociedad también se convierte en único y no debe sufrir ninguna contestación: el cientificismo conduciría así inevitablemente al colectivismo.

Propaganda/educación, tortura/reeducación, purga de disidentes/castigo de conspiradores oscurantistas.

Una ciencia que se ha convertido en religión y que, como todas las religiones, se basa en una mistificación: el milagro -antes era el pan y el vino que se ingería para participar en la resurrección de Cristo, a través del Espíritu Santo...

Hoy, el milagro, la sustancia divina que se introduce en el cuerpo, es la vacuna.

Hoy en día, el milagro, la sustancia divina que se introduce en el cuerpo, es la vacuna. Por lo tanto, una vez autoproclamada como la verdad última, esta religión, como todas las demás, induce buenas prácticas humanas y muchas malas.

La máscara es el símbolo más revelador

Con el pretexto de la protección, sin que ningún estudio científico lo demuestre (incluso en el marco de esta ciencia empírica estadística), la religión covidista ha impuesto lo que ningún dogma religioso había logrado hacer antes: quitarle el rostro al hombre, convertirlo en un ser impersonal, intercambiable, sin posibilidad de expresión, sin posibilidad de multitud de sentimientos que son el sello del hombre.

Con la máscara sólo se expresan dos emociones, que sólo pasan por los ojos: el miedo y la agresión.

Una religión que, por un lado, condena los sentidos esenciales -juzgados como "no esenciales"- que son el gusto, el olfato, el tacto, que sin embargo nos permiten traer el mundo a nosotros mismos, y que, por otro lado, sólo conserva los llamados sentidos esenciales, los de la vista y el oído.

Imprescindible porque todo el discurso narrativo e hipnótico de lo religioso pasa por ellos.

¿Qué historia, qué narración nos cuenta la Religión Covidiana?

Como todas las religiones, parte de una amenaza apocalíptica. No hacían falta muchas imágenes: unas cuantas imágenes repetidas del mismo hospital en Lombardía, unas cuantas personas muriendo en los pasillos de los hospitales en China y eso era suficiente.

Martillada durante todo el día, dramatizada en masas diarias, hora tras hora, durante más de un año, la amenaza amplificada ha generado miedo y pensamientos petrificados.

Es siempre el mismo miedo, el de la muerte, el del infierno, del que sólo hay una forma directa e inmediata de escapar: la conversión a la comunidad que sigue el camino de los guías supremos, que tienen la solución absoluta: la unción divina y vacunal.

Las mentiras colectivas tienen una vida dura. No hay más que ver la mentira de las religiones, que se ha perpetuado durante siglos.

¿Por qué? Porque las religiones se basan en relatos, que dan un sentido, un sentido simplificado pero preestablecido, que libera a los hombres del sinsentido. Lo religioso es el "rider digest" del pensamiento, el ready-to-wear.

¿Por qué esta gran derrota de la ciencia en el pasado? Se puede pensar legítimamente que no "conectó" (del latín: relegare), que no creó ninguna historia.

Ahora, ¡está ahí! ¡Se ha convertido en una religión! Los expertos obispos invisibles debaten en sus concilios sobre el sexo de los ángeles: ¿se debe prohibir o no el alcohol, el sexo fuera del matrimonio, las reuniones hedonistas, se debe tirar de la cadena después de cerrar la tapa del váter para evitar la dispersión de micropartículas del mal covid en el aire?

En esta perspectiva, también es necesario constreñir, utilizar toda la parafernalia sadomasoquista de las religiones: ahogar la respiración, humillar borrando la cara, prohibir la sonrisa y sobre todo la risa, porque la situación es grave.

Es necesario castigar a los hijos demasiado espontáneos, demasiado libres, es necesario que cada uno se convierta en el verdugo y el supervisor del otro, es necesario encerrar, encerrar al pueblo, hacerlo triste, perdido, desesperado, se lanzará sobre la vacuna divina, por los siglos de los siglos, ¡amén!

Y la mayoría se convertirá, porque la naturaleza aborrece el vacío, y los hombres aborrecen las tonterías.

Gracias Santa Pfizer, gracias Santa Astra Zeneca, gracias Santa Johnson & Johnson, Santa Moderna... Oh Santos de los Santos, gracias a los expertos, apóstoles de la verdad y salvadores del mundo, gracias a los medios de comunicación, espíritu santo y vehículo del miedo permanente, gracias a los políticos, gracias por devolvernos al buen camino y por condenar sin indulgencia al enemigo interior que nos amenaza, al diablo que anida en la libertad de pensamiento.